Batalla de las ideas y guerra de interpretaciones


Dioses del Olimpo

Percibo en voceros oficiales y oficiosos, sobre todo entre estos últimos y con sus notables excepciones, un cierto resquemor por la variedad de análisis que se han hecho públicos respecto de la contienda electoral del 21N. Una suerte de malestar difuso, más bien propio de quienes reclaman el monopolio de la verdad, y a quienes, por tanto, les resulta intolerable tener que lidiar con visiones contrapuestas a las suyas.

Es algo que percibo, debo subrayarlo, en gente ubicada en el amplio espectro de la política venezolana. Es decir, además de difuso, es un malestar extendido entre toda la clase política. Es como si, ante lo desconcertante de los resultados, favorables o adversos, le resultara demasiado difícil sobreponerse a la mudez momentánea que produce cualquier desconcierto, y se decidiera por lo más fácil: decir lo que, a su juicio, desean escuchar los que consideran sus respectivos públicos cautivos.

No deja de sorprenderme semejante actitud. En la Venezuela del siglo XXI se estableció como norma consuetudinaria que en los períodos inmediatamente posteriores a un evento electoral, se abría el abanico de lo decible, de lo pensable, de lo analizable, sin mayores límites que aquellos que dictaban la sensatez, y vaya que infinidad de veces se trasgredieron, incluso, esos límites, lo que solíamos interpretar como gajes del oficio. De eso se trata, a fin de cuentas, la batalla de las ideas.

Tengo la impresión de que, siempre según la opinión de los referidos voceros oficiales y oficiosos, deberíamos asimilar que ya no hay lugar para la batalla de las ideas, o en todo caso queda muy poca gente digna de ella, lo suficientemente apertrechada intelectualmente, preparada para sus avatares, y que ésta ha sido sustituida por algo que podría llamarse guerra de interpretaciones.

El problema con la guerra de interpretaciones es que todos se proclaman ganadores, más allá de lo que indiquen los fríos y despiadados números. No hay fuerzas políticas debilitadas, solo robustecidas. No hay estrategias erróneas, solo correctas. Solo hay dioses, héroes y campeones en el olimpo de la política venezolana.

Es un completo despropósito, por supuesto, semejante ejercicio de soberbia, consecuencia, intuyo, de creerse en lo más alto entre lo más alto.

Estoy plenamente convencido de que las mayorías populares, tanto el grueso de quienes votamos como de quienes no lo hicieron, esperan mucho más que simplemente análisis autocomplacientes y, en algunos casos, cosa que no celebro, ya no esperan nada, porque están francamente hartos, desde hace años, del soliloquio de la clase política, de sus voceros y de sus pretendidos expertos, más que prestos a narrar improbables leyendas doradas.

Con Chávez, los simples mortales aprendimos, a muchos no se nos ha olvidado, que no podemos renunciar bajo ningún pretexto a la política con vocación de construcción hegemónica, popular, democrática. Un tipo de ejercicio de la política que es indisociable de la batalla de las ideas.

Si a estas alturas este aprendizaje colectivo es algo difícil de asimilar para la vocería oficial y oficiosa, y de allí su malestar, pues no queda más que desearle que aprenda a lidiar con ello.

La contienda electoral del 21N: un análisis en frío


I. Introducción

En la Venezuela del siglo XXI, quizá nunca como ahora fue tan importante detenerse a observar con detalle unos resultados electorales. Si nos atenemos a los más visibles, y mal que les pese al gobierno estadounidense y a los pocos que pretenden, contra toda sensatez política, seguir apoyando la ficción del “gobierno interino”, las candidaturas oficiales del chavismo se han alzado con la mayoría de los cargos en disputa. No menos importante, la oposición antichavista casi en pleno ha vuelto al redil electoral, lo que sin lugar a dudas constituye una extraordinaria noticia para la sociedad venezolana.

Dicho esto, corresponde traer a la superficie un conjunto de datos que considero no solo muy valiosos, sino tan imprescindibles como elocuentes, y que sin embargo parecen estar ausentes en el análisis de la clase política, o al menos en los que tendrían que hacerse públicamente.

Lo que sigue es un análisis en frío de los resultados de la contienda del 21N de 2021. A tal fin, procedí a construir el histórico de resultados en elecciones regionales (es decir, en las cuales se disputaban las gobernaciones) a partir del año 2004, revisando y procesando la información disponible públicamente a través del Consejo Nacional Electoral (CNE). Decidí omitir los datos relativos a las Megaelecciones de 2000, porque en tal oportunidad estuvo también en disputa, de manera directa, la figura del presidente Hugo Chávez, lo que hace de aquella una contienda histórica muy singular, no asimilable, a mi juicio, a las elecciones regionales que se realizaron posteriormente.

Sumé como votos del chavismo únicamente los recibidos por las candidaturas oficiales, y como votos de la oposición el total acumulado por las fuerzas políticas que competían contra las candidaturas oficiales del chavismo, casi siempre identificadas con el antichavismo. Respecto de esto último, vale precisar que, por regla general, el porcentaje de votos recibidos por candidaturas no antichavistas, pero compitiendo contra las candidaturas oficiales del chavismo, es más bien ínfimo, lo que permite justificar esta decisión, que persigue exclusivamente facilitar el método de exposición de los resultados.

En el caso del estado Barinas, donde el CNE aún no proclama al gobernador electo (jueves 25 de noviembre, 2 pm), contabilicé los votos ofrecidos en el primer boletín oficial del órgano comicial.

Hechas tales consideraciones, paso a presentar el primer cuadro, que resume el resultado de las cinco contiendas de carácter regional:

Acto seguido, revisemos con mayor detalle.

II. Porcentaje de participación

El siguiente gráfico muestra el comportamiento del porcentaje de participación:

Como puede verse, la participación popular en la contienda electoral del 21N de 2021 se ubicó en su mínimo histórico, disminuyendo 18,84 puntos porcentuales respecto de 2017.

III. Votos totales chavismo y oposición

El siguiente gráfico incluye la información sobre la cantidad de votos recibidos tanto por las candidaturas oficiales del chavismo como por la oposición:

El dato más relevante es que en las elecciones del 21N de 2021, y por primera vez, el número de votos obtenidos por el chavismo es menor que la cantidad recibida por las candidaturas opositoras. Adicionalmente, el chavismo pierde casi 2 millones de votos en relación con 2017.

IV. Porcentaje de votos chavismo y oposición

Como puede observarse en el siguiente gráfico, y congruente con el anterior, en la contienda electoral del 21N de 2021, y por primera vez, el porcentaje de votos obtenidos por el chavismo, de 45,30%, es menor al porcentaje recibido por la oposición, de 52,34%. El chavismo disminuye 7,39 puntos porcentuales en relación con 2017, mientras que la oposición aumenta 5,2 puntos porcentuales en el mismo período.

V. Porcentaje de votos respecto del Registro Electoral Permanente

El gráfico siguiente ilustra el porcentaje de votos obtenido por cada conjunto de fuerzas políticas respecto de la población registrada para votar o Registro Electoral Permanente (REP). De nuevo, este 21N de 2021, y por primera vez, el chavismo obtuvo un menor porcentaje de votantes en relación con el REP que la oposición, disminuyendo 13,05 puntos porcentuales respecto de 2017, y 14,8 puntos porcentuales respecto de su pico histórico, en 2008. Notablemente, la oposición también disminuyó: 6,68 puntos porcentuales respecto de 2017, y 6,96 puntos porcentuales respecto de 2008, también su pico histórico.

Considerados en conjunto, chavismo y oposición constituyen el 41,22% del REP, una significativa disminución de 19,74 puntos porcentuales respecto de las regionales de 2017, y de 21,76 respecto de 2008, cuando ambas fueras representaban el 62,98% del REP. Este dato es muy importante, por cuanto constituye una suerte de índice de afiliación política, y nos describe la manera como la desafiliación política ha venido ganando terreno en años recientes.

VI. Chavismo victorioso con más del 50%

Por último, el cuadro siguiente nos muestra la cantidad de victorias obtenidas por el chavismo con más del 50% de los votos, en el período en cuestión. Contrario a su desempeño histórico (un piso de 94,44% de victorias con más del 50%, en 2017), este 21N de 2021 logró superar tal porcentaje solo en cinco estados: Aragua, Carabobo, Delta Amacuro, La Guaira, a lo que sumamos Caracas.

Ningún otro dato deja en evidencia con tanta claridad el descalabro opositor como consecuencia del voto dividido. De hecho, si revisamos a fondo, y teniendo como referencia aquellos estados donde el chavismo resultó victorioso con menos del 50%, tenemos que sumando solo los votos obtenidos por las candidaturas opositoras ubicadas en el segundo y tercer lugar, la oposición hubiera podido ganar en nueve estados: Amazonas, Anzoátegui, Apure, Falcón, Guárico, Lara, Mérida, Táchira y Trujillo, a los que habría que sumarle Barinas, en caso de que la candidatura oficial del chavismo resulte vencedora. Sumando éstas a las tres victorias en efecto alcanzadas (Cojedes, Nueva Esparta y Zulia), la oposición tendría el control de la mayoría de gobernaciones: el 57% de ellas, para ser exactos, si excluyéramos de la cuenta a la Alcaldía de Caracas.

VII. Brevísima conclusión preliminar

He considerado necesario privilegiar la revisión pormenorizada de los números electorales y mostrarlos de la manera más ordenada posible, antes que intentar ofrecer alguna explicación sobre el desempeño de las fuerzas políticas en pugna. Ya habrá oportunidad para hacer esto último.

En todo caso, solo quisiera insistir en un punto que, según me parece, resulta indiscutible: en la Venezuela de 2021, la población desafiliada políticamente es una sólida mayoría. Una mayoría que, de momento, no encuentra traducción política. ¿Será la clase política capaz de traducir, o más bien de ponerse en el lugar de las mayorías populares? Es algo que está por verse.

Dos almas, un solo cuerpo


Caravana comunera atraviesa La Miel, proveniente de Sarare, rumbo a Sabana Alta. Dos días antes, el pueblo de Simón Planas ha elegido al compañero Ángel Prado como candidato a alcalde del PSUV. Martes 10 de agosto de 2021. Foto: Reinaldo Iturriza

I.-
El domingo 25 de julio cumplí con el objetivo de colocarme la tercera dosis de la vacuna cubana Abdala. Ya estaba en condiciones de emprender un viaje que había tenido que postergar durante semanas.

Una semana después, poco antes de mediodía, acomodé mi maleta azul, mi morral verde y una bolsa de comida en el asiento trasero del carro de dos queridos amigos. A mi izquierda, detrás del asiento del piloto, un par de cachorros de cacri dormía plácidamente. Minutos más tarde nos despedíamos del valle caraqueño y agarrábamos camino rumbo a Sarare, a unos cuatrocientos kilómetros de la ciudad capital.

Atravesamos Aragua, Carabobo, Cojedes y Portuguesa, antes de arribar a nuestro destino, en el sureste del estado Lara. Por todo el trayecto, larguísimas colas de carros particulares y de carga para abastecerse de combustible. La lluvia se anunció a la altura del Campo de Carabobo y cayó sobre nosotros cuando pasábamos por Cojedes, entre Tinaquillo y San Carlos, pero nos trató amablemente.

A las cinco de la tarde, como si asistiéramos puntualmente a la cita con un amor de años, entramos a Sarare, y nos dirigimos a un espacioso local en el que, un domingo cualquiera, hubiéramos podido tomarnos unas cervezas. Pero aquel no era un día cualquiera, sino el domingo previo a las elecciones primarias abiertas del Partido Socialista Unido de Venezuela, pautadas para el 8 de agosto, y en lugar del jolgorio típico de los bares de pueblo, nos encontramos con una animada asamblea que había logrado reunir a unas quinientas personas provenientes de todos los rincones del municipio Simón Planas. Integrantes del comando de campaña del compañero Ángel Prado, referente de la Comuna Socialista El Maizal, y precandidato a alcalde, rendían cuentas frente a un auditorio que, más que escuchar atentamente, que lo hacía, celebraba ruidosamente cada una de las intervenciones.

Entre una intervención y otra, varios compañeros, visiblemente extenuados, pero efusivos, dejando traslucir ese entusiasmo cómplice que solo hace posible la camaradería, se me acercaron para preguntarme por la situación en Caracas. No alcanzaban a comprender cuando les explicaba que en la capital apenas podía sentirse clima de campaña. Algunos incluso fruncieron el ceño, como dejando claro que no les servía de consuelo escuchar que, en realidad, lo que estaba sucediendo en Simón Planas obedecía a condiciones muy singulares, que no se repetían en casi ningún lugar del país.

Tras la intervención última de Ángel Prado, la asamblea desembocó en una movilización de unas cien personas, con rumbo a una comunidad a pocos centenares de metros del local donde se había realizado la reunión, y fue como si un pedazo del río Sarare bañara las calles de Gloria Sur.

Mis amigos caraqueños debieron marcharse. Las condiciones de la retirada involuntaria las impusieron los cachorros que, tras unas cinco horas de viaje y de comportamiento ejemplar, decidieron que había llegado el momento de atender sus necesidades fisiológicas. Mucho aguantaron.

Yo decidí sumarme a la jornada casa por casa en Gloria Sur. Me interesaba sobremanera escuchar lo que Ángel tenía que decir, pero principalmente la opinión de la gente. Percibí, en resumen, mucho rechazo a la gestión municipal actual, en manos del PSUV, mucho entusiasmo por la eventual candidatura comunera, pero también mucho escepticismo. Vaya combinación: rechazo, entusiasmo y escepticismo. Esto último, sobre todo, en razón del desconocimiento de la victoria electoral de Ángel Prado en las municipales de 2017. En varias ocasiones fue interpelado duramente: ¿por qué tendríamos que confiar en que la situación será diferente esta vez?

Al cabo de unas dos horas, el sedentarismo me pasó factura. Tuve que hacer una pausa. Pasé a saludar a la familia que me hospedaría esa noche, allí mismo en Gloria Sur. En pausa seguía cuando el gentío pasó frente a la casa. Me reincorporé. Eran pasadas las diez de la noche cuando les escribí a mi esposa e hijas: ¿en qué otro lugar del país se estará haciendo un casa por casa a esta hora? La jornada culminó una hora más tarde, luego de que algún cultor popular entonara un popurrí de canciones de Alí Primera, y tras un breve discurso de Ángel frente a unas cincuenta personas. Era casi medianoche. De allí se fueron a una reunión de evaluación, a la que me invitaron. Juzgué que lo más sensato era declinar y, casi a rastras, me retiré a reposar.

II.-
Aquella noche dormí poco, pero muy plácidamente. Creo que ni siquiera fue un sueño reparador, pero había sido capaz de disfrutar el hecho de que, mientras intentaba conciliar el sueño, me invadiera la pregunta: ¿esto que siento es algo parecido a la nostalgia por los buenos viejos tiempos en que una formidable maquinaria popular hacía campaña por Chávez o acaso la alegría de saber que esa misma maquinaria sigue viva, en este momento, en este lugar, y a pesar de todo? Insomne, pero satisfecho, me decanté por la segunda opción.

Lo que ha ocurrido en Simón Planas es nada menos que la victoria, en buena lid, de esa maquinaria popular y revolucionaria contra la maquinaria burocrática y clientelar. Vista en perspectiva, como es preciso hacerlo para comprender todo lo que estaba en juego, en esta batalla se han enfrentado dos fuerzas que no dejan de expresarse en todos los órdenes de la revolución bolivariana, como dos almas contrapuestas que pugnan por tomar el control de un cuerpo que ha debido soportar demasiadas sacudidas, y que unas veces es más lo que se parece a un muerto en vida, y otras un peleador que resucita, más fuerte que nunca, cuando todos lo daban por desahuciado.

La mesa parecía servida para una nueva victoria de la maquinaria burocrática y clientelar, es decir, para que no se expresara la voluntad mayoritaria del pueblo simonplanense: los veintiséis centros de votación existentes en el municipio fueron nucleados en once. En el proceso, de los cuatro centros de votación dentro del ámbito de la Comuna Socialista El Maizal, solo quedó disponible uno de ellos. Los centros de votación de Sabana Alta (de donde es oriundo Ángel Prado) y Caballito fueron nucleados en La Miel, a más de siete kilómetros de distancia. Adicionalmente, como sucedió en casi todo el país, se dispuso una sola mesa, es decir, una sola máquina electoral por centro de votación. La población votante de Simón Planas es de 30.971 personas. Las matemáticas no mienten: once máquinas de votación funcionando óptimamente, sin interrupciones, durante las doce horas de jornada electoral (de 6 am a 6 pm), en razón de un votante por minuto, equivale a 7.920 votantes (60 x 12 x 11). Apenas un 25,57 por ciento del padrón electoral. Tome nota de este último dato, porque volveré sobre él más adelante.

A lo anterior todavía hay que sumarle el hecho de que los centros electorales se encontraban bajo control de la maquinaria burocrática y clientelar, es decir, de personas vinculadas directamente al equipo de campaña de uno de los precandidatos, a la postre el actual alcalde.

¿En qué consistió la campaña del alcalde saliente y a qué maniobras recurrió durante la jornada electoral? Lo que describo a continuación no son simples detalles pintorescos, vergonzosos excesos, accidentes puntuales, cosas que suceden excepcionalmente. Son hechos que ilustran una forma específica de concebir y ejercer la política, que se expresa, insisto, en todos los órdenes. Es la manera como procede la maquinaria burocrática y clientelar.

En primer lugar, durante la campaña, el reparto discrecional, clientelar, de alimentos, medicinas, electrodomésticos, combustible y dinero en efectivo. ¿El propósito? Comprar la voluntad del “voto duro”, que es el sujeto de esta maquinaria. Luego, la intimidación y la violencia. Las agresiones físicas comenzaron desde la noche del sábado 7 de agosto. Decenas de compañeros y compañeras provenientes de Sabana Alta y Caballito que, como he explicado, debían caminar más de siete kilómetros para llegar al centro de votación que les había sido asignado, decidieron movilizarse y pernoctar en La Miel. Allí fueron agredidos en dos oportunidades, viéndose en la obligación de resguardarse. Horas más tarde, poco después de las cuatro de la mañana, fueron agredidos compañeros y compañeras que comenzaban a instalarse frente a uno de los centros de votación en Sarare. ¿El objetivo? Además de intentar desmovilizar a través del miedo, hacerse con el control de las colas, para garantizar que votaran las personas movilizadas por la maquinaria burocrática.

Alrededor de las nueve de la mañana, la sala situacional del comando de campaña comunero reportaba que en al menos seis de los once centros electorales del municipio, incluidos los más grandes, los miembros de mesa estaban retrasando deliberadamente el proceso de votación. A las afueras de los centros, personas ligadas al alcalde saliente habían logrado “reservarse”, a través de la fuerza, el derecho de admisión. Dos horas más tarde denunciábamos públicamente que se estaban dando todas las condiciones para que fuera desconocida la voluntad del pueblo simonplanense. Sabiéndose mayoría, la firme orientación del comando de campaña fue evitar la violencia a toda costa y resistir pacientemente.

Las amenazas apenas disminuyeron, y en general el proceso comenzó a fluir un poco mejor, paulatinamente, a media tarde, cuando la maquinaria burocrática había logrado movilizar a la casi totalidad del que consideraba su “voto duro”. Varios centenares, tal vez más de un millar, todavía seguían en las colas. Era el voto macizo popular. Mucha gente, muy difícil saber qué cantidad, se retiró a sus casas sin poder sufragar, incluyendo personas de la tercera edad que madrugaron en los centros y que, tras muchas horas de espera, ya no estaban en condiciones de lidiar con el agotamiento físico.

A las seis de la tarde, hora de cierre del proceso, y con toda seguridad, la precandidatura de Ángel Prado había reunido la mayor cantidad de votos. Pero la diferencia era poca. Todo marchaba según lo planeado por la maquinaria burocrática: sabiéndose minoría, sus esperanzas estaban puestas en que la definición de la candidatura dependiera de la “revisión” de la dirección nacional del partido, lo que ocurriría en caso de que el precandidato ganador no hubiera logrado alcanzar dos objetivos: obtener más del 50 por ciento de los votos y más de diez puntos de ventaja sobre el segundo lugar.

Irónicamente, el golpe de gracia a la maquinaria burocrática se lo asestó la misma dirección nacional, cuando anunció públicamente que se extendía la jornada hasta las ocho de la noche. Poco más tarde, el presidente Maduro informó que los centros de votación seguirían abiertos mientras quedaran votantes en las colas, como es tradición en Venezuela.

A la una de la mañana del lunes 9 de agosto todavía seguía votando la gente en dos de los centros de votación de Simón Planas, uno en La Miel y otro en Sarare, justo los dos centros donde se habían producido las primeras agresiones físicas contra comuneros y comuneras. El proceso cerró oficialmente cerca de las dos de la mañana. Entre seis de la tarde y la hora de cierre, un intervalo de casi ocho horas, centenares de personas votaron por la candidatura comunera. Alrededor de la medianoche, mientras esperaban para ejercer su derecho, y pese a las amenazas inútiles de algunos efectivos del Plan República y la visible molestia de los miembros de mesa, algún espontáneo gritaba:

– “¡Comuna!” – y una marejada de gente respondía:
– “¡O nada!”.

Al término de la jornada, el comando de campaña manejaba la información de que la precandidatura comunera había triunfado en nueve de once centros. La victoria popular estaba cantada. Ahora solo faltaba su reconocimiento oficial.

III.-
El reconocimiento oficial de la victoria comunera se produjo cerca de las diez de la noche del lunes 9 de agosto, durante rueda de prensa de la dirección nacional del PSUV. Previo al anuncio de las candidaturas, las autoridades del partido informaron que, tras una primera evaluación de los resultados, habían decidido reformular los requisitos a cumplir para evitar la “revisión”: en el caso concreto de las alcaldías, la candidatura ganadora debía reunir al menos 35 por ciento de los votos y sacar diez puntos de ventaja. El compañero Ángel Prado obtuvo el 47,99 por ciento de la votación y 9,54 puntos porcentuales de ventaja. El pueblo simonplanense estalló en júbilo.

Los números son elocuentes: el promedio nacional de participación para elegir las candidaturas del PSUV a las gobernaciones fue de 15,89 por ciento, contando la ciudad de Caracas. El mismo promedio, pero para elegir las candidaturas a las alcaldías fue ligeramente superior: 19,21 por ciento. En Lara, para las alcaldías, la participación fue del 16,92 por ciento. Pues bien, en Simón Planas, donde, como recordaremos, el proceso fue concebido para que participara, como máximo, alrededor del 25 por ciento del padrón electoral, la participación fue del 26,17 por ciento, esto es, 6,96 puntos porcentuales por encima del promedio nacional y 9,25 puntos porcentuales más que el estadal. De los trescientos treinta y cinco municipios del país, apenas en cincuenta y seis, el 17,6 por ciento, votó más gente que en Simón Planas.

¿En cuántos municipios habrá logrado imponerse la maquinaria popular y revolucionaria sobre la maquina burocrática y clientelar? Es muy difícil saberlo. Lo que sí ha quedado de manifiesto, y de allí, insisto, la importancia de lo que ha acontecido en Simón Planas, es que es posible derrotar a esta última. La clave parece radicar en los niveles de participación. La desmovilización popular es la precondición para que siga prevaleciendo la maquinaria burocrática y clientelar.

Ahora bien, ¿qué es lo que ha hecho posible los altos niveles de participación en Simón Planas? Me atrevo a enumerar los siguientes:

1) Es preciso un liderazgo capaz de aglutinar el rechazo a la vieja forma de hacer política, a las prácticas burocráticas y clientelares. Muy por el contrario de lo que piensan los políticos de aparato, el clientelismo es una práctica que suscita el rechazo generalizado de la base social de apoyo a la revolución bolivariana. Ella supone un profundo menosprecio por las mayorías populares.
2) El liderazgo tiene que ser, necesariamente, un referente ético, y no simplemente una figura carismática. Ángel Prado es, antes que cualquier otra cosa, un referente ético.
3) No basta, por supuesto, con aglutinar el descontento. El liderazgo tiene que tener la capacidad de transmitir confianza en el futuro, lo que es indisociable de la claridad programática y estratégica. La estrategia fue definida por Chávez, y de lo que se trata es de ser consecuentes con su programa revolucionario. Ángel Prado y el movimiento comunero en Simón Planas lograron transmitir, de manera muy sencilla, en qué consiste su programa de gobierno y cómo piensan hacerlo realidad.
4) La claridad programática y estratégica no depende de aprenderse de memoria algunos documentos claves o de repetir lo que Chávez planteaba en sus discursos. Hay que tener conocimiento al detalle de la realidad que se pretende transformar, de la calle, de los caseríos, escuchar al pueblo, creer en él, crear las condiciones para que sea él quien gobierne. Y eso solo es posible en despliegue permanente por el territorio. Ángel Prado, junto a su equipo de campaña, recorrió la casi totalidad del municipio. Llegó a los lugares más remotos y olvidados. La médula del discurso de cierre de campaña del precandidato comunero, la tarde del jueves 5 de agosto, fue un resumen de lo que la gente le había planteado durante sus recorridos. Fue, por supuesto, un discurso memorable, un ejercicio extraordinario de síntesis política.
5) Un equipo de campaña disciplinado, moralizado, organizado. El mejor líder no es nada sin un buen equipo que le acompañe.
6) Mucha inteligencia táctica, capacidad de tomar decisiones en los momentos más difíciles. En el caso de Simón Planas, fue este factor el que impidió que la violencia se desbordara durante la jornada electoral.

Antes de terminar, habría que agregar una muy importante precisión, que nos permitirá completar el mapa de fuerzas y circunstancias: en Simón Planas, como seguramente sucedió en muchos otros lugares del país, la maquinaria burocrática y clientelar intentó derrotar no a un adversario, en este caso el movimiento comunero, sino al que considera un enemigo. Un enemigo de clase. Dicha maquinaria es expresión de los intereses de una clase de nuevos ricos, de gente que ha hecho fortunas al amparo de cargos públicos. La pérdida de estos espacios de poder equivale a la pérdida de privilegios y oportunidades de negocios. De allí que apelaran a la violencia e intentaran perpetrar un fraude: hace mucho que ya no se reconocen en los intereses populares.

Esa misma maquinaria está desperdigada por todo el territorio nacional y ocupa importantes posiciones en los más diversos espacios de poder. No habiendo podido evitar que la Comuna Socialista El Maizal se erigiera como un referente de lucha nacional, tomado nota de que ahora impulsa una iniciativa conocida como Unión Comunera, consumada la victoria del movimiento comunero en las primarias abiertas del PSUV, y dando por hecho la próxima elección de Ángel Prado como alcalde de Simón Planas, intentará neutralizar una experiencia que considera un ejemplo muy peligroso. En las primeras de cambio, seguramente se incline por retratarse con el victorioso pueblo comunero, atribuyéndose o celebrando una victoria que no es la suya. Luego, ya veremos.

Lo que está en juego en Simón Planas trasciende por mucho sus 808 kilómetros cuadrados. Por eso asumí como una tarea obligatoria, impostergable, sentarme a escribir estas líneas, para que estos hechos sean conocidos, y ojalá analizados, discutidos, por ese invaluable contingente de militantes que se distinguen por su honestidad, consecuencia y compromiso, y que dentro y fuera de nuestras fronteras siguen apostándole a la forma de hacer política que aprendimos con Chávez. Muy lejos estoy de considerarme un cronista imparcial. Desde el principio he tomado partido. De hecho, estas líneas también son un modesto homenaje a quienes considero mis compañeros y compañeras de lucha. Espero haberles hecho justicia.

Dos almas se disputan el cuerpo nacional. En aquel diminuto territorio larense, ese cuerpo intenta erguirse, revitalizado, robustecido, dispuesto a otear el horizonte. Pero se sabe incompleto. Queda mucho por hacer.

Caracas, 26 de agosto de 2021

Especial para Tramas

Primarias abiertas del PSUV: lo que se juega en Simón Planas (Lara) (Podcast Espacio Alcalino, 6 de agosto de 2021)


Ángel Prado en plena campaña. Foto: Belén Banegas

Para entrar en situación, y para que tengan una idea del clima que se respira en Simón Planas, me gustaría comenzar contándoles que llegué a Sarare, la capital del municipio, el pasado domingo 1 de agosto alrededor de las 4 pm, directo a una reunión del equipo de campaña ampliado del compañero Ángel Prado, referente de la Comuna Socialista El Maizal, y precandidato a alcalde. Más que una reunión de trabajo, era un acto público: allí habrían unas quinientas personas que, más que escuchar atentamente, que lo hacían, aupaban cada una de las intervenciones de los distintos responsables de las comisiones de trabajo. Allí habremos estado tal vez una hora más: el acto culminó con la intervención de Ángel, y de allí se fue junto a unos cien compañeros y compañeras a un sector llamado Gloria Sur, relativamente cerca del lugar donde se estaba desarrollando la reunión, y estuvieron en un casa por casa hasta pasadas las 10 pm. La jornada, que cerró con otro discurso de Ángel, habrá terminado alrededor de las 11 pm. Recuerdo haber pensando en ese momento: ¿en cuántos lugares de Venezuela, en día domingo y a esas horas, estaría culminando un casa por casa? Muy probablemente en muy pocos, si no en ninguno.

¿Por qué sucede esto en Simón Planas?

¿Qué es lo que distingue la campaña que lleva a cabo Ángel Prado junto al equipo que le rodea?

¿Qué es lo que hace de la Comuna Socialista El Maizal la referencia política nacional e internacional que sin duda es?

¿Por qué el movimiento comunero de Simón Planas ha decidido disputar la alcaldía?

¿Qué implicaciones podría tener esta decisión tanto para El Maizal como para la Unión Comunera?

Intentamos responder estas preguntas en una nueva entrega de Espacio Alcalino.

Para escuchar, pulse aquí.

Un capitalismo sano


Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

I.-

Mañana celebraremos el 238 aniversario del natalicio de Simón Bolívar. Cuatro días más tarde, el alumbramiento del hombre que hizo que Bolívar resucitara de entre los muertos. Hugo Chávez estaría cumpliendo 67 años.

Esta mañana he salido a caminar junto a mi esposa y mi hija más pequeña por la avenida que lleva el nombre del Libertador, y que pasa frente a Parque Central. Me lo ha pedido mi hija, intuyo que buscando alivianar un poco los efectos del confinamiento. Sobre la acera, a la altura de una señal de mototaxis, nos ha recibido una suave brisa fría que viene del este y que amortigua los rayos de sol. Caminamos en ese sentido. A las puertas del Anauco estaba formada una cola de unas diez personas que esperaban para comprar medicamentos a bajo costo en una farmacia itinerante del Ministerio de Salud. Una nube gris se posó sobre nosotros y nos cayeron algunas gotas. Nos cruzamos con un puñado de personas de la tercera edad que seguramente venían de colocarse una dosis de la vacuna rusa en el Hotel Alba Caracas. Un par de parejas jóvenes conversaban en la plaza frente al Museo de Arte Contemporáneo. Viramos a la izquierda, cruzando sobre la avenida, y comenzamos a desandarla por la acera norte, en sentido oeste.

Caminamos dos cuadras. Pasamos la Galería de Arte Nacional. Justo en la esquina siguiente nos detuvimos en una plaza recién inaugurada, con motivo del bicentenario de la Batalla de Carabobo. Leímos la placa conmemorativa, contemplamos la escultura en forma de espada, y seguimos nuestro camino. Tras unos pocos pasos nos alcanzó la nube gris y nos lloviznó. Era una nube pasajera, pero decidimos dar vuelta atrás y regresar a casa.

Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

El 27 de junio pasado, junto a mi esposa y mi hija mayor, recibimos la primera dosis de la vacuna cubana Abdala, en Fuerte Tiuna. El 11 de julio la segunda dosis. Alrededor de un diez por ciento de la población ha sido vacunada. Recién, el Gobierno ha anunciado la eventual eliminación de la modalidad de cuarentena “radical”, más restrictiva que la modalidad “flexible”. Todo indica que el inicio del nuevo año escolar, en septiembre próximo, será bajo la modalidad presencial.

La devaluación de la moneda avanza lenta pero sostenidamente: el 18 de junio pasado se pagaban 3.113.807,18 bolívares soberanos por dólar. Hoy son 3.784.653,84. La inflación siempre va un paso adelante: hace un par de meses había que disponer de 20 dólares para comprar un kilo de carne molida, dos pollos, un kilo de alas de pollo, un kilo de bistec y kilo y medio de chuletas de cochino. Eso mismo, hace una semana, costaba 36 dólares. La prensa económica especula sobre una inminente reconversión monetaria.

Mientras se acentúa la brecha entre los que tienen y los que no tienen, entre quienes ostentan sus lujos y quienes desaparecieron a la vista incluso de quienes sobrevivimos, al más alto nivel avanzan las negociaciones políticas que, eventualmente, podrían traducirse en la participación mayoritaria de la oposición en los comicios de noviembre próximo, en los que se disputarán gobernaciones, alcaldías y diputaciones regionales y locales, un evento que puede trastocar el mapa de fuerzas a escala nacional.

Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

El Partido Socialista Unido de Venezuela viene de realizar, el 27 de junio, elecciones por la base para escoger precandidaturas. Tras evaluar los resultados, y alegando razones de índole táctica, la dirección nacional decidió dejar por fuera algunas figuras políticas de relevancia, como fue el caso de Elías Jaua, quien recibió la mayoría de votos en el estado Miranda. Finalmente, el 8 de agosto, y mediante elecciones universales, serán elegidas las candidaturas oficiales para gobernaciones y alcaldías.

Lo más radicalmente antidemocrático del antichavismo, como Voluntad Popular, persiste en su línea abstencionista y violenta, cual nubarrón gris impotente, incapaz de desatar una tormenta, pero obstinada, persistente.

II.-

Tres días atrás, el Gobierno nacional, a través de su Vicepresidenta Ejecutiva y otros integrantes del gabinete, hizo acto de presencia y tuvo un derecho de palabra en la 77° Asamblea Anual de la Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras). Como lo resaltara el presidente saliente de la patronal, Ricardo Cussano, la última vez que un alto representante gubernamental asistió a la cita empresarial, nada menos que el recién electo presidente Chávez, fue en 1999. Sin duda un hecho novedoso, y aunque parezca paradójico, esta suerte de reencuentro difícilmente pueda calificarse como algo sorpresivo: el acercamiento entre el Gobierno y la cúpula empresarial comenzó ya en 2016 y se mantuvo durante todo el quinquenio, con sus altos y sus bajos.

Cada cual a su manera, tanto Cussano como la Vicepresidenta Ejecutiva hicieron énfasis en la necesidad de recuperar el ingreso de la clase trabajadora. Son demasiadas las evidencias de que la versión vernácula de capitalismo del desastre no conviene a nadie o, digámoslo correctamente, beneficia a muy poca gente.

Habría que agregar, en honor a la verdad, que es igualmente evidente que se reduce cada vez más el margen para pensar en alternativas al capitalismo. Es innegable el creciente consenso contra lo que se considera un extremismo irresponsable. No faltará quien opine que hay que estar realmente desquiciado, fuera de este mundo, para perder el tiempo pensando en alternativas.

Cuando la economía de un país colapsa, como en el caso venezolano, puede parecer insensato detenerse a pensar en lo que se hizo mal o dejó de hacerse cuando eran claros los signos de tormenta. El esfuerzo suele estar concentrado en alcanzar algún salvavidas.

El detalle es que este mundo camina directo al colapso, por lo que pensar en alternativas es una cuestión de vida o muerte.

En 1999, hablando frente al auditorio reunido con motivo de la 55° Asamblea Anual de Fedecámaras, Chávez recordó las circunstancias que rodearon su participación en la reunión del año previo, siendo todavía candidato presidencial. El viejo helicóptero en el que viajaba “no podía aterrizar entre la fuerte lluvia que estaba cayendo en Puerto La Cruz”. Se vieron obligados a aterrizar en aquella ciudad, para luego, “arriesgándonos, en plano palo de agua, cruzar hacia Margarita”, lugar de la cita empresarial.

En aquella oportunidad, en 1998, Chávez afirmó que estábamos “viviendo un momento cumbre de nuestra historia”, que nos situábamos en el “mero centro de un punto de transición”. Explicó que la “ecuación problemática” a la que se enfrentaba el país iba “mucho más allá del ámbito meramente económico”. El problema era también social, político, ético. En tanto se trataba de un “problema global”, no resultaba “aplicable aquella visión cartesiana de dividir por partes la realidad para solucionarla por partes”. “Hay que mirar el todo”, afirmaba. Más adelante citaba a Bolívar: “Las gangrenas políticas no se curan con paliativos”. Para encarar los problemas, agregaba, era indispensable “un gobierno que de verdad gobierne y conduzca como un capitán conduce la nave en el medio del mar, en la tormenta”.

Se manifestó respetuoso de la propiedad privada, de la libertad de empresa, y se declaró partidario de un “modelo económico” en el que “funcionen las leyes del mercado”. Marcando distancia del “neoliberalismo salvaje”, defendió la idea de un Estado “promotor del sector privado” y con la obligación de “proteger algunos sectores de la economía”.

Al año siguiente, el presidente Chávez invitó al empresariado a construir un “capitalismo sano”, en contraste con “el capitalismo salvaje, el corrupto que acabó con Venezuela en estos últimos años”.

Habían transcurrido apenas dos años y unos pocos meses de aquel discurso cuando Fedecámaras convocó a un paro nacional. La tormenta había comenzado.

Chávez nunca volvió a hablar en una Asamblea Anual de Fedecámaras. Abundan, eso sí, los episodios que dan fe de su empeño por lograr niveles mínimos de entendimiento con el empresariado, con el cual continuó reuniéndose. Afirmar lo contrario sería faltar a la verdad histórica. Pero también lo sería pretender ignorar al Chávez que, en innumerables ocasiones, explicó detalladamente las razones por las cuales consideraba un error intentar transformar democráticamente a la sociedad venezolana siguiendo la senda del capitalismo, lo que no equivale, por cierto, a negar la existencia del mercado o la necesidad de un Estado que promueva y proteja la iniciativa privada.

Tal vez precisamente porque hoy no hay mucho margen para decirlo, es más importante recordarlo: ni el problema es exclusivamente económico, ni las gangrenas se curan con paliativos, ni existe tal cosa como un “capitalismo sano”.

Avenida Bolívar, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

Caracas, 23 de julio de 2021

Especial para Tramas, Argentina

Primarias del PSUV: un análisis preliminar (Podcast Espacio Alcalino, 9 de julio de 2021)


Les comparto mi segunda participación en Espacio Alcalino. ¿Cuándo fue la última vez que el PSUV organizó primarias? ¿Por qué las hace ahora? Ángel Prado, de la Comuna Socialista El Maizal, es postulado por todas las UBCH del municipio Simón Planas, en Lara. El significado del respaldo recibido por Elías Jaua en varios estados del país.

«¿La gente está cansada de la polarización o de la falsa polarización?» (Podcast Espacio Alcalino, 4 de junio de 2021)


Hace poco más de un mes inicié mi colaboración con la gente amiga de PH9, que se autodefine como «un medio digital independiente en ejercicio de un periodismo contextualizado, interpretativo y con memoria histórica».

Les comparto mi primera participación en Espacio Alcalino.

Una muy singular normalidad sin sobresaltos


Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

I.-

A muy pocos días de celebrarse el bicentenario de la Batalla de Carabobo, que sellaría la independencia nacional, la cotidianidad caraqueña trascurre sin mayores sobresaltos.

En Parque Central, donde vivo, la mayoría de los comercios están abiertos hasta bien entrada la tarde. Podría decirse que se consigue lo que usted busque. Las grandes aglomeraciones de gente, las colas, el desabastecimiento, son cosa del pasado. Los precios de algunos productos pueden variar significativamente de algún lugar a otro. Salvo muy contadas excepciones, todo está dolarizado. Desde que inició la cuarentena se han multiplicado los pequeños emprendimientos que incluyen servicio a domicilio. Antes del coronavirus el cuentapropismo ya marcaba la pauta.

Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

El CLAP distribuye una bolsa de alimentos con periodicidad mensual. La última incluyó cuatro kilos de harina de maíz, dos kilos de arroz, dos kilos de frijol chino, un kilo de azúcar, un kilo de pasta, dos latas de sardinas y doscientos gramos de leche en polvo. El precio ronda los 0,30 dólares, al cambio de hoy.

A muy pocos metros, en el hotel Alba Caracas, se ha instalado desde comienzos de junio un centro de vacunación contra el COVID-19, al que acude mucha gente. La prioridad la tienen las personas mayores de 60 años, y les siguen el personal de salud y las personas con alguna patología. Los primeros reciben una vacuna rusa, la Sputnik. El resto, si tiene menos de 60 años, una vacuna proveniente de China. La mayoría de quienes hacen su cola han recibido un mensaje de texto, indicándoles que han sido seleccionados. Un mensaje posterior les indica el lugar, el día y la hora de la cita. Pero también acude alguna gente que no ha sido notificada, reclamando su derecho a ser vacunada. La cantidad de dosis diarias no siempre alcanza, por lo que algunas personas deben armarse de paciencia, regresarse a sus casas sin ser vacunadas e intentarlo otro día.

Avenida Bolívar, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

También a escasos metros de Parque Central, una estación de servicio expende gasolina a precio regulado. Funciona de manera irregular, dependiendo de los niveles de abastecimiento. Durante las últimas semanas se ha visto poco movimiento. La mayoría de los días ha permanecido cerrada. El tiempo que puede tomar ponerle gasolina al carro es bastante azaroso: con suerte, alrededor de una hora. Por término medio, unas tres horas. En momentos de mayor escasez, doce horas o más. Hay quienes tardan solo algunos minutos: los que pagan en dólares a alguno de los funcionarios policiales o efectivos militares que resguardan la estación de servicio. Al menos en teoría, cualquiera tiene derecho a 120 litros mensuales de gasolina a precio regulado, y puede abastecerse cada cinco días, de acuerdo al número de placa del carro. Estas condiciones no aplican si se tienen dólares suficientes para saltarse los controles o para pagar 0,50 dólares por litro, el precio en las estaciones premium, como se les llama oficialmente.

Estación de Servicio El Conde, Avenida Lecuna, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

A pesar de estas limitaciones, hay días de mucho tráfico vehicular, aunque en líneas generales las colas son mucho menos frecuentes que hace unos pocos años. De un tiempo a esta parte se observa una mayor cantidad de unidades del transporte público terrestre. Durante décadas un tema muy sensible para la población, lo que obligaba a la intervención estatal, hoy en día las tarifas las imponen los conductores, quienes las ajustan periódicamente. Las dos estaciones aledañas del Metro de Caracas, Bellas Artes y Parque Central, siguen en funcionamiento, aunque cierran un poco más temprano. El Metrocable de San Agustín presta servicio de manera parcial.

El servicio eléctrico funciona normalmente, con muy pocas interrupciones. Algo similar puede decirse del servicio de telefonía e internet. El suministro de agua potable, en cambio, es bastante irregular, y puede faltar dos o tres días a la semana. Las personas que viven en los pisos más altos son las más afectadas, porque el agua no llega con suficiente presión, y pueden estar hasta cinco o más días sin el servicio. En el propio Parque Central se puede recargar un botellón de 18 litros por medio dólar.

Hace mucho tiempo que desapareció la prensa escrita. La información y la opinión circulan, fundamentalmente, a través de los teléfonos celulares. Los quioscos que antes vendían periódicos se han convertido en lugares de expendio de cigarrillos, café y chucherías. Las tres o cuatro tradicionales marcas de cigarrillos han sido desplazadas por otras seis u ocho, hace un par de años desconocidas, que se venden a un precio mucho menor. Las galletas provenientes de Turquía, más baratas, han invadido el mercado, aunque también es posible conseguir chocolates de marcas estadounidenses o europeas, a precios menos accesibles.

Ésta es apenas una pincelada de lo que ocurre en pleno centro geográfico de Caracas, pero no es, ni siquiera aproximadamente, lo que se vive en los márgenes de la ciudad formal, así como tampoco en buena parte del resto del país. La realidad es también lo que no se cuenta. 

II.-

En la Venezuela de comienzos de siglo la gente común y corriente se habituó a una cotidianidad vertiginosa que, en la mayoría de los casos, fue vivenciada como una experiencia gozosa. Aunque la politización de las mayorías populares no se produjo de manera súbita, así fue percibido por parte importante de la sociedad, para la cual aquellas mayorías se hicieron no solo visibles, sino muy bulliciosas, con la llegada de Chávez al poder.

La onda expansiva de lo que pudiera llamarse la experiencia Chávez alcanzó a impactar con mucha fuerza a la sociedad venezolana hasta bien entrada la segunda década del siglo, cuando una mezcla de grave crisis económica incipiente con violencia antichavista comenzó a trastocar la sociabilidad construida durante la revolución bolivariana.

Que la memoria es selectiva lo demuestran los relatos, a la orden del día, que evitan a toda costa referirse a cualquier mínimo episodio que refiera a aquellos tiempos, nada lejanos, en que tanta gente se sentía plena y feliz, se sabía protagonista, y tenía una confianza inusitada en el futuro.

Una sucesión de humillaciones y privaciones, errores y brutales agresiones, terror incluido, perspectiva cierta y por fortuna conjurada de guerra fratricida incluida, fueron trocando aquel vértigo creador en miedo, dolor, desconfianza, incertidumbre. Los brevísimos momentos de tregua apenas alcanzaban para reunir fuerzas. La calma, cuando la había, era una tensa calma. Luego fue la hiperinflación, con toda su carga destructiva, como si el propósito fuera el trastorno generalizado, que ya nadie pudiera estar en sus cabales.

Si tuviera que nombrar de alguna forma lo que hoy somos, diría que somos sobrevivientes. Con todo, no estoy seguro de que el término nos haga justicia. Tengo mis serias dudas. Justicia sería, a mi juicio, encontrar una palabra que nos describa no como víctimas lastimeras y miserables, incapaces de valerse por sí mismas, sino como hombres y mujeres que hemos sido capaces de seguir adelante, a pesar de todo. Justicia sería poder hablar de nosotros, poder contarnos, sabiendo que estamos incompletos, que nos falta una parte, de nuevo invisible, y que la queremos de vuelta.

¡Saltos! ¡Saltos! ¡Saltos!

Puede que resulte muy extraño decirlo cuando lo que impera es esta muy singular normalidad sin sobresaltos. Pero la política no ha muerto, solo se está transformando.

Es cierto que la gente evita hablar de política en las calles, que la pugnacidad de otros tiempos casi ha desaparecido. Es posible que, para decirlo con Bolívar, el enemigo se sitúe en una altura inaccesible y plana, y nos domine y nos cruce con todos sus fuegos. Pero aquel bullicio aún recorre nuestras entrañas, como una procesión. Podrá ser intangible, invisible, pero existe. Y es una llama inextinguible.

Parque Central, Caracas. Foto: Sandra Iturriza

Caracas, 19 de junio de 2021

Especial para Tramas, Argentina

Los excesos de Chávez


Foto: Marcelo Volpe. Colectivo Cacri Photos

Muy dada a las generalizaciones motivadas política y pecuniariamente, la encuestología suele concluir que la mayoría del país, actualmente tanto como alrededor de los dos tercios de la población, no se identifica con ninguno de los dos polos en pugna: chavismo y antichavismo.

La construcción de una imagen de país mayoritariamente “independiente”, renuente a identificarse con parcialidades políticas, es un ejercicio en el que viene incurriendo la encuestología ya desde los tiempos de Chávez, cuando la mayoría del país se inclinaba indiscutiblemente por el chavismo, en particular las clases populares. Es conveniente no olvidar este importante precedente.

En teoría, esta imagen de país mayoritariamente “independiente” autorizaba a la encuestología en tanto que única fuente de saber, disciplina o “ciencia” capaz de desentrañar los “secretos” de esa mayoría que, siempre según este relato, tendía a rechazar más o menos firmemente la “polarización”.

En efecto, la encuestología ha sido decisiva a la hora de construir un relato condenatorio de la “polarización”, lo que la emparenta políticamente con el antichavismo, que hizo suyo este discurso desde muy temprano: ésta era interpretada como un efecto perverso de la manera chavista de hacer política, asociada a la altisonancia retórica de Chávez, a sus veleidades antidemocráticas, a su estimulación del odio de clases y, más tarde, a sus excesos políticos (Misiones, socialismo, consejos comunales, Comunas, reforma constitucional, enmienda, etc.) y sobre todo económicos (recuperación de PDVSA, control de cambio, distribución popular de la renta, nacionalizaciones, recuperación de tierras, expropiaciones, control de precios, etc.).

A mi juicio, hoy día tiene realmente muy poco mérito concluir que la mayoría del país no se identifica con ninguna de las dos principales fuerzas políticas. Es algo que salta a la vista. La cuestión clave es cómo llegamos a este punto. Es imperativo que seamos capaces de ofrecer una explicación convincente, rigurosa, informada, fundada en hechos y datos. Esto supone poner seriamente en entredicho algunos tópicos que han venido instalándose en el sentido común.

Así, por ejemplo, la idea de que las mayorías rechazan la “polarización”. Este tópico ha adquirido el rango de verdad incontrovertible, al punto de que ponerlo en duda es considerado casi un anatema. Sin embargo, me parece que lo que las mayorías populares rechazan es el remedo de polarización. No la polarización que, muy distinta a la acepción antichavista del término, remitía al conflicto entre dos grandes proyectos históricos, y que se tradujo en la politización sin precedentes de las clases populares, sino la polarización realmente existente que, contrario a lo que fue, hoy no enfrenta a dos proyectos claramente distinguibles, sino a dos fuerzas políticas menguadas.

El punto de partida para explicar por qué tanta gente se siente poco o nada identificada con alguna fuerza política no es la “polarización” de la que nos habla la encuestología, sino este remedo de polarización.

Adoptar el punto de vista de la encuestología entraña riesgos enormes para la democracia venezolana: implícitamente, lo que se nos ofrece como verdad es que las mayorías anhelan una sociedad “despolarizada”, lo que en el mejor de los casos vendría a significar, tal vez, la existencia de una oposición dispuesta a aceptar las reglas democráticas, capaz de asimilar que su empecinamiento por la violencia ha significado no solo su propia ruina en tanto clase política, sino que ha provocado un enorme perjuicio a la población, y que termine de comprender que, por ejemplo, apoyar entusiastamente el bloqueo económico contra la nación es, para decirlo elegantemente, un absoluto despropósito, uno que, dicho sea de paso, es rechazado categóricamente en todas las encuestas. Hasta aquí, podría decirse, todo en orden.

Pero una sociedad “despolarizada” significaría también la existencia de un chavismo gobernante dispuesto a comprender que ya no puede permitirse los excesos del pasado, en particular los económicos, y mucho menos cuando atravesamos una crisis económica prácticamente sin precedentes en la historia, a la cual habríamos llegado, en buena medida, como consecuencia de tales excesos. Y en este punto es donde el asunto se complica.

Cabe preguntarse: ¿cuáles son los efectos de poder de este discurso? ¿Su destinatario son las mayorías “despolarizadas” o la clase política? Me inclino por la sospecha de que esta imagen un tanto idílica de unas mayorías “despolarizadas” que anhelan la paz, la tranquilidad, el entendimiento, etc., va dirigido fundamentalmente a la clase política chavista, que a fin de cuentas es la que ostenta, qué se le va a hacer, el poder político.

Ahora bien, si se indagara más a fondo y se hiciera el ejercicio de intentar comprender lo que ellas piensan y sienten, podríamos encontrarnos con la “sorpresa” de que el grueso de las mayorías populares supuestamente “despolarizadas” está realmente compuesto por chavistas en proceso de desafiliación. Esto nos obligaría a encarar un fenómeno ciertamente difícil de asimilar, puesto que podría dejar al descubierto las inconsecuencias, reales o percibidas por la gente, del liderazgo chavista.

Esta misma circunstancia, es decir, la dificultad para afrontar el fenómeno de la desafiliación política, y por tanto la propia inconsecuencia, es lo que hace que, en última instancia, suceda lo impensable: esto es, que parte importante de la clase política chavista prefiera refugiarse en el discurso de la “despolarización”, de acuerdo al cual lo que le corresponde es no solo evitar cualquier exceso, sino aplicar políticas de ajuste económico que considera “inevitables”.

Instalado este discurso de la “despolarización” en el sentido común, no solo de la clase política en general, sino de parte de la población, es por supuesto normal que la vocería oficial u oficiosa tanto del chavismo como del antichavismo, tiendan a coincidir en un cuestionamiento radical, pongamos por caso, del control de precios o de las expropiaciones, y pretendan asimilar cualquier crítica a las actuales políticas de ajuste con la defensa extemporánea, irresponsable, más bien propia del “izquierdismo infantil”, de aquellas medidas adoptadas por Chávez, bien es cierto que un momento histórico muy distinto.

Con todo, sigue siendo pertinente la pregunta: ¿entonces todo el esfuerzo por democratizar radicalmente la estructura económica venezolana no fue más que un exceso de Chávez? El solo hecho de tener que hacernos la pregunta explica en buena medida por qué hay tanta gente desafiliada.

Foto: Giuliano Salvatore. Colectivo Cacri Photos

13A: El día que el pueblo se salvó a sí mismo


Unión Comunera

El 13 de abril fue el día que el pueblo rescató al líder del proyecto que encarnaba sus esperanzas. Fue uno de esos días extraordinarios en que el pueblo tomó la determinación de salvarse a sí mismo.

Ese pueblo, vestido de obrero, campesino, militar, intelectual, hoy sigue en combate, a pesar de la desesperanza, la resignación, el descontento, la angustia y la decepción. De entre la miasma brota la alegría, la valentía y el afán de seguir confrontando las adversidades.

Ese 13 de abril presenciamos, de la mano del Comandante Chávez y la Revolución Bolivariana, el parto del poder popular, entendido como la posibilidad de auto-reconocer la fuerza transformadora del pueblo, capaz de derrotar imperios y oligarquías.

Hoy, 19 años después de aquel histórico acontecimiento, nosotros y nosotras, comunas y organizaciones sociales reunidas alrededor de la Unión Comunera, reafirmamos nuestro compromiso chavista y revolucionario de continuar la labor iniciada por el pueblo venezolano quien junto al Comandante Chávez, demostró la posibilidad real de transformación de la sociedad venezolana, trazando con el lápiz del socialismo el horizonte de la emancipación y el proyecto comunero como camino seguro para alcanzarlo.

Desde la Unión Comunera, que viene construyéndose desde abajo, desde el chavismo rebelde, desde las comunas que se niegan a morir, con la fuerza del pueblo, asumimos la responsabilidad de no dejar, desde nuestros modestos esfuerzos, que aquella épica del 13A quede enterrada en la historia.

Hoy levantamos nuestras manos, para asestar el puño con el que el Comandante nos convocaba al combate, para convertirlo en nuestra insignia de lucha y nuestro sentido de existencia. Con este símbolo ratificamos nuestra voluntad de mantener viva la llama revolucionaria, nuestra vocación combativa y chavista, nuestro compromiso con la construcción del socialismo por la vía del ejercicio del poder popular.

Aquí no hay pueblo vencido. Aquí nadie se rinde. Vamos con alegría y mucha esperanza a reencontrarnos como pueblo, en las catacumbas, donde hay pueblo dispuesto a pelear, a organizarse, a producir, transformar y construir la patria soñada.

Independencia, Comuna y Socialismo

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