Crónicas oficinescas: Pasión laboriosa


Una versión más corta de esta crónica aparece publicada en Épale CCS número 205.

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uatic

Estando en Comunas, muy pronto conocí y aprendí a valorar el trabajo de la Unidad de Acompañamiento Técnico Integral Comunal, la célebre Uatic. Integrada fundamentalmente por ingenieros civiles, técnicos en construcción civil, arquitectos, administradores y contadores, era un contingente de jóvenes desplegados por toda la geografía nacional, destacados en los frentes de construcción de viviendas, aunque no exclusivamente.

Su trabajo consistía, como el nombre de la Unidad lo indica, en el acompañamiento técnico del pueblo constructor. Sin embargo, no pocas veces los vi haciendo de obreros de la construcción, a veces por la pasividad de la comunidad “beneficiaria” (resabio de la vieja cultura política), otras veces, simplemente, porque el Uatic establecía niveles de compromiso tales con la comunidad, de absoluta empatía con las familias que irían a ocupar tales viviendas, que lo embargaba una pasión laboriosa, al punto de hacer desaparecer esa línea que suele separar al funcionariado del pueblo.

Tal entrega me obligó a revisar mis propios prejuicios y reservas, muchas veces fundadas, respecto del papel de profesionales y técnicos en una revolución. La Uatic me demostró que pueden ser sensibles, desprendidos y solidarios, que pueden establecer una relación de iguales con los hombres y mujeres del pueblo que somos. Por supuesto, y como corresponde, también podían ser muy beligerantes.

Como la vez aquella en Portuguesa en que, al término de una inspección, solicitaron conversar conmigo, porque tenían muchas cosas que decirme. Y me informaron de los abusos y arbitrariedades de sus jefes directos y acordamos poner fin a todo aquello. ¿La respuesta automática de su jefe inmediato, apenas horas después? Amenazó con despedirlos. Al enterarme, lo hice llamar a Caracas. Se presentó a primera hora del lunes. Debió esperar horas y la reunión duró unos pocos minutos. O menos. Sólo el tiempo suficiente para hacerle una pregunta retórica: “¿No te da vergüenza perseguir, maltratar y humillar a tus compañeros de trabajo, cuando lo que deberías hacer es apoyarlos?”.

O aquel día en Carabobo en que una joven Uatic se armó de valor y, en medio de una reunión con la comunidad, manifestó que ella, como casi todos sus compañeros, tampoco tenía vivienda, y los hombres y mujeres del barrio la apoyaron, convirtiéndose aquello en una extraordinaria asamblea en la que esa línea divisoria entre pueblo e institución volvió a desaparecer.

Sé que algunos de ellos todavía hacen chistes a propósito de nuestras jornadas de trabajo voluntario, durante las cuales los hacía trabajar más de la cuenta. Entiéndanme, muchachos: además de aquello de la emulación, era una manera de librarme de la oficina.

Parte de lo que hoy soy se lo debo a mis compañeros y compañeras de la Uatic. A su pasión. A su ejemplo.

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2 comentarios

  1. Gracias, por recordar esa experiencia. Y las demás que surgieron después

  2. Camarada Reinaldo, en Comuna siempre han existido compañeros de la UATIC y otras unidades de apoyo que hacian el trabajo con los beneficiarios, al igual que la EFPP, Escuela de Formacion del Poder Popular; q jamas han sido visibilizados, usted no sabe como se les prohibe aun que hablen con los directivos de alto cargo y como se les exige una serie de trabajos y condiciones algo increible para 7mil bs mensual, creo que en su gestion como en la de muchos le falto una revision mas profunda

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