Crónicas oficinescas: El Evangelio según mi hermano


Publicado en Épale CCS número 197.

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Un par de meses atrás, Juan Carlos me comentaba que a nosotros nos correspondía, en esta hora difícil de la revolución, apelar al ímpetu de los evangelizadores, y ser capaces de llevar el “buen mensaje” de la liberación.

La idea me quedó dando vueltas en la cabeza hasta que, hace exactamente una semana, la vi encarnada en la actitud de uno de mis hermanos.

Aquel viernes, el consejo comunal del que forma parte Sur había recibido la noticia de que al día siguiente se realizaría jornada alimentaria. El CLAP se activó de inmediato, reuniendo el dinero, familia por familia, revisando listas, y en general afinando todos los detalles logísticos correspondientes.

Envuelto en esa dinámica andaba el barrio cuando alguna señora tocó el timbre de la casa. Sur andaba en la calle, así que le tocó atender a mi hermano. Fue, abrió la puerta, y le preguntó a la señora qué deseaba.

– Buenos días. ¿Éste es el consejo comunal? – preguntó la señora.
– Buenos días. Fíjese, señora, éste no es el consejo comunal. Ésta es la casa de Sur, mi señora madre, que resultó electa en votación popular para integrar el consejo comunal. Pero el consejo comunal no es un espacio físico. No queda en una casa. ¡Usted es el consejo comunal! Usted vive en el barrio, ¿cierto?
– Sí…
– Perfecto. Pues usted es el consejo comunal. El consejo comunal es un espíritu. No puro espíritu, por supuesto. Es también materialidad, carne y hueso, hombres y mujeres como usted y como yo, que se reúnen para plantear y resolver los problemas de la comunidad.
– …
– Y el consejo comunal es sólo un paso. El objetivo es ser capaces de organizarnos en Comuna, uniéndonos con consejos comunales vecinos, para hacernos más fuertes y gobernar en nuestro territorio.
– …
– ¿Usted se acercó hasta acá por alguna razón en particular?
– Sí, venía a hablar con la señora Sur.
– Bueno, mire, ella ahorita no está, pero no tarda en venir.
– Muchas gracias. Yo vuelvo más tarde.
– De nada. Y recuerde: usted es el consejo comunal.
– Hasta luego.

Al día siguiente, la jornada alimentaria se desarrolló sin inconvenientes. Las mujeres del consejo comunal terminaron exhaustas, pero felices y satisfechas por el trabajo hecho.

Aquella señora, la que conversó con mi hermano, seguramente pensó que estaba loco. La verdad, no sé si se le pasó la mano con aquel discurso. Pero de algo no hay duda: el CLAP no es simplemente una bolsa de comida. Lo sabe mucha más gente de la que podamos imaginar: que no sólo de pan viven el hombre y la mujer.

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