Crónicas oficinescas: Elocuentes, ingeniosos…


(Una versión más corta de esta crónica aparece publicada en Épale CCS número 183).

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Comunicado oficial

Aquel martes de Órgano Superior de Vivienda tuvimos oportunidad de escuchar la fascinante exposición de un equipo de investigadores que, por encargo del Gobierno del Distrito Capital, llevaba algún tiempo trabajando en los urbanismos de la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Para mi grata sorpresa, el equipo estaba encabezado por uno de los héroes de mis tiempos de estudiante en la Universidad Central de Venezuela: Emanuele Amodio. Entonces, no había tenido la suerte de conocerle personalmente, pero había devorado los pedazos que pude conseguir de alguna obra suya, fuertemente influenciada por otro de mis héroes, Michel Foucault, en la que se aproximaba a una genealogía de la medicina en Venezuela.

El Órgano Superior de Vivienda es una verdadera escuela de gobierno. Usted puede tener el discurso más elocuente y las ideas más ingeniosas, pero si no es capaz de cumplir con la meta de viviendas que, forzando la barra, definió el comandante Chávez, usted no es más que un tipo elocuente e ingenioso. Y eso no basta para gobernar. Luego, usted puede elegir entre cumplir con la meta a realazos o acompañando, promoviendo y fortaleciendo experiencias de organización popular. Y entre una opción y otra, trampas, abismos, laberintos, carreras a campo traviesa, y miles de problemas que resolver cotidianamente.

Pues allí estaba Amodio, intentando resolver esos problemas junto con nosotros.

Ya en Cultura, y convencidos de la ineficacia política de las tradicionales reuniones entre intelectuales, decidimos organizar, a finales de mayo de 2015, un encuentro entre activistas de derechos humanos, científicos, militantes del movimiento popular, artistas e intelectuales. Tal era el punto de partida. El plan general consistía en organizar sucesivos encuentros regionales, en parte atendiendo a la exigencia de sacar estas reuniones de Caracas, pero fundamentalmente para “actualizar” el Plan de la Patria, de acuerdo a las singularidades de cada lugar.

Finalmente, debimos conformarnos con aquellos tres días de intensas discusiones, parte de las cuales están recogidas en libro inédito.

¿Sirvió de algo el experimento? Un reconocido intelectual me comentaba, con tono entre condescendiente y reprobatorio: “Sí, estuvo bien. Aunque debí tolerar, con mucha dificultad, la insolencia de un comunero que no hacía más que repetirme: ‘Usted habrá podido escribir muchos libros, pero para hablar de la Comuna primero hay que conocerla’. Vaya falta de respeto”.

Ningún irrespeto. Nada más que la pura verdad: usted podrá ser muy elocuente, muy ingenioso, pero ¿de qué valen estos atributos si no sirven para resolver los múltiples problemas que implica gobernar en revolución?

El experimento sirvió para que se produjera ese diálogo. Los espacios donde estos diálogos son posibles son infinitamente más fecundos que cualquier comunicado, declaración o manifiesto. Habría que multiplicarlos.

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One comment

  1. maximo hidalgo · · Responder

    Incompleto…

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