Setenta y uno


Sandra Mikele con su franela de tercer año

Hola, viejo querido. Hace un par de meses, arreglando los libros, me conseguí un par de fotos nuestras, de los tiempos de Puerto Ordaz. Decidí que son mis favoritas. Me gusta recordarte de esa manera, comenzando de nuevo, estrenándote como padre. César me ayudó con los libros, aunque no ha cumplido su compromiso de ordenar la literatura por orden alfabético. Nos comprometimos ambos a leer cierta lista de cien obras, y nada que cumplimos. Ahí se quedó Orwell, esperándonos. Se graduó de médico. Le va bien, aunque no tengo idea precisa de qué está haciendo. Casi no lo vemos. Sospecho que está llevando una vida de excesos, o eso espero. Si vas a llegar a casa con esa facha, nada más que a dormir hasta el día siguiente, que al menos haya valido la pena. A Coro la veo bastante mejor. ¿Quién no va a estarlo al lado de esa maravilla que es Thiago José? Es una belleza. Risueño, vivaz, conversador. Está comenzando a caminar. Tienen casa. Se mudan pronto. Sí, es una excelente noticia. Rommel va por el mismo camino. Se la está sudando. Autoconstrucción. Me alegra tanto que pueda tener esa opción. Sigue amenazándonos con un sobrino, pero nada que concreta. Sé que será un buen padre. Sandra Mikele está terminando su tercer año. Sí, ya está por usar su franela beige. Sigue en el coro. Estamos viendo juntos Breaking Bad. Está leyendo poco. Cada vez le entusiasma menos viajar con nosotros a Maracay. Reclama tiempo y espacio para sí. Es que ya son casi dieciséis. Aunque, debo reconocerlo, le gusta la idea de mudarnos a Barquisimeto. Me parece que tiene novio, pero aún no se atreve a traerlo a la casa. Ya me puedo imaginar a Ainhoa Michel, saboteando la visita, obligándolo a construir una casa con los cojines de la sala. Se parece muchísimo a su hermana, sólo que más tremenda. Le encanta su escuela de los aviones y los helicópteros, un simoncito. Tiene parque nuevo. Casi todos los días juega con sus amigas y amigos en el pasillo. Se devora las galletas de chocolate. Cuando tiene sueño, le da por apretarme alguna tetilla. Le parecen de lo más divertidos los sapos que viven en mi estómago. Raya las paredes de la casa con sus flores, sus soles y sus humanoides. Esa abuela Sur la tiene más que consentida. Por cierto, Sur nos contó que el 6 de junio cumplieron cincuenta años de novios. Habla de ti con amor infinito.

Gracias por no dejarme solo.

Son tiempos muy difíciles. Hasta ahora, hemos podido sobrellevarlos. Saldremos de ésta. Protégenos.

La bendición.

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