Nosotros y el mantuanaje


Chávez pueblo

El miedo es libre, incluso si se trata del miedo a ser libres. Nadie está obligado a apoyar la revolución bolivariana. Nadie está obligado a declararse chavista. Nadie está obligado siquiera a pensar que el chavismo es sinónimo de libertad. Y si al caso vamos, el chavismo está obligado a construir una sociedad donde realmente se respete al que piense diferente. Algo inédito en nuestra historia.

El chavismo está igualmente obligado a exponer sus razones y propuestas al conjunto de la sociedad, pero fundamentalmente al pueblo explotado y excluido. El chavismo es, de hecho, ese mismo pueblo convertido en sujeto político. Siendo así, mal puede permitirse que una porción del pueblo milite en la causa de sus verdugos. Éste continúa siendo uno de nuestros principales desafíos.

Lo que resulta inaceptable es que cualquiera pretenda que nos creamos el cuento de que el mantuanaje está a favor de la democracia. El mantuanaje es por definición aristocrático: el gobierno de los “mejores”, de los que tienen más méritos. Los “mejores” fueron primero los conquistadores y luego sus descendientes. Gobernar fue siempre un derecho hereditario. Los “mejores” eran los ricos, lo que quiere decir que se trataba de una plutocracia. Eran también los blancos, lo que significa que gobernaba una casta. Gobernar fue siempre cosa de pocos, de manera que era una oligarquía. Cualquiera de estos títulos: aristócrata, plutócrata, oligarca, define con precisión tanto al mantuano como al que ocupe el lugar de su representante. Nunca el de demócrata.

El chavismo, por definición, está hecho de los “peores”. De pueblo conquistado, gobernado, empobrecido, sin nada que heredar. Si se tratara de los inicios de nuestra era republicana, el chavismo sería el pueblo mestizo, mulato, zambo, indio, negro, blanco de orilla. Los muchos. Los nadie.

¿Quiere decir esto que todo el que milita en el chavismo es un demócrata a carta cabal? En lo absoluto. Los hay quienes piensan que las elecciones son puro formalismo burgués, que la revolución bolivariana es una oportunidad para hacerse ricos, que el pueblo ignorante debe ser adoctrinado, etc.

¿Debe deducirse que todo el que milite en el antichavismo es un dictador en potencia? De ninguna manera. Los hay quienes están convencidos de que el chavismo tiene su razón de ser en las desigualdades e injusticias de la sociedad venezolana, pero no están de acuerdo con los métodos empleados para combatirlas.

Pero si bien puede hablarse de diferencias de grado a lo interno del chavismo, tanto como del antichavismo, es indudable que entre ambas fuerzas lo que existe es diferencia de naturaleza.

No somos lo mismo. Si hoy no somos lo mismo, unos y otros, es porque nunca han sido lo mismo el pueblo y el mantuanaje. El chavismo tuvo el coraje de alumbrar esta diferencia. El antichavismo aún trata de hacerle pagar por su afrenta, y ensaya infinitas versiones del mismo discurso pletórico de referencias a una unidad nacional original perdida desde que apareció el chavismo. Según esta lógica, el fin del chavismo sería el comienzo de la reconciliación nacional. Pero en el origen de la nación fue la desunión de unos contra otros. En el origen fue la diferencia, la desigualdad.

Para el antichavista promedio, sin embargo, cualquiera de las afirmaciones precedentes equivale a un exceso. La verdad histórica convertida en apología de la violencia.

Excesivo fue el comandante Chávez desde el inicio, según la perspectiva antichavista. Excesivamente pugnaz, violento, incendiario. Claro que ha habido excesos durante estos catorce años. Excesos que fueron al mismo tiempo errores. Y si el exceso es el punto de partida podría discutirse eternamente sobre el exceso.

Pero podríamos hablar también de moderación. ¿Por qué no interrogarse sobre la insólita moderación de la revolución bolivariana? ¿Pero es que acaso los bárbaros son capaces de moderación? Si hay algo que la oligarquía no le perdonó nunca a Chávez fue su estricto y celoso apego a la regla democrática. El hecho de haberle vencido en su propio terreno, jugando sus reglas. Su capacidad, que fue la del chavismo en general, para no caer en provocaciones, su sentido de la oportunidad política, su habilidad para la estrategia, virtudes éstas que se suponen vedadas para un zambo.

Exceso, moderación: ninguno de estos puede ser el punto de partida. El punto de partida es que hay desigualdad; que nos tuvieron siempre como desiguales en tanto seres humanos, más allá de lo que decían sus leyes más avanzadas; desiguales en cuanto a dignidad, inteligencia, capacidad de raciocinio. El punto de partida es que cuando comenzamos a tratarlos como iguales, y no como amos, patrones o sabios, dijeron que se trataba del “exceso” de una partida impresentable de igualados.

Resulta que el mantuanaje, en sus orígenes tan obsesionado con la pureza de sangre, tan cerrado, tan endogámico, tan ocupado en blanquearse, ahora intenta “negrearse”, mal que le pese a Ibsen Martínez y su “merienda de negros“. Capriles Radonski, por su parte, hace hasta lo imposible por parecerse al zambo Chávez.

Mientras tanto, se ve a mucho antichavista de buena fe afanado en la denuncia de los “burgueses” enquistados en el chavismo, y no es que no los haya, que también hay corruptos y nuevos ricos. El punto es que más que condenar el vicio, lo reclaman como un derecho inalienable del antichavismo.

El mantuanaje ha llevado tan lejos su trabajo de mímesis del chavismo, superando límites insospechados, que tal pareciera que el propósito es transmitir el mensaje de que todo es relativo: a fin de cuentas todos somos lo mismo, sólo que los chavistas son una versión desmejorada y caduca de lo mismo que somos todos. Hasta tienen sus artistas, como el antichavismo, sólo que los chavistas son tarifados y cometieron el gravísimo error de involucrarse en política; que los artistas que apoyaron a Capriles Radonski en 2012 no hacían política, sino que le apostaban a la reconciliación nacional.

Pero el chavismo no es diferencia de grado, sino diferencia de naturaleza. No somos lo mismo.

Somos los que no éramos. Comenzamos a serlo. Somos juntos lo que somos. Y Chávez tiene mucho que ver en esto. El 14A está en juego preservar su legado. Para que sigamos siendo.

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4 comentarios

  1. Excelente!…muy acertado

  2. luis roque · · Responder

    mantuanaje es ser rico, y no es necesariamente inteligente o capaz, antes de chavez estabamos en un estado de atraso de como cien años, chavez nos impulso al siglo 21, esto hay que mantenerlo a sangra y fuego saludos luis

  3. […] Nosotros y el mantuanaje. […]

  4. bumersindo · · Responder

    Yo no tengo comandante, ni monarca yo tengo presidentes que van y vienen, y siempre tendre mirada critica y siempre reconoceré aciertos. Pero me entristece ver como los seguidores de Chavez lo idolatran y se subyugan al punto de tenerlo de comandante, mentalidad militarista pues.
    El pueblo sigue en el mismo peo, o es que realmente ha cambiado algo ademas de las limosnas que salpican de ese chorreron petrolero que administra el gobierno?

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