Corre, oligarquía, corre


“La amenaza roja es real. Reportar toda actividad sospechosa de…” ¡castrocomunismo!

El sábado 25 de junio pasado, pocos días antes del inicio de la campaña electoral presidencial, María Corina Machado estuvo de visita en El Cartanal, Valle del Tuy. El objetivo era continuar con el trabajo de zapa contra las Misiones sociales, intentando horadar la base social de apoyo a la revolución.

A estos fines, Machado se inventó una historia truculenta sobre las mujeres del pueblo que, para comprar en Mercal, “esperan varias horas bajo el sol, la lluvia, a la intemperie, y hasta en sus brazos las identifican con un número“.

Así mismo como lo lee: números en sus brazos. Como en los campos de concentración nazis. ¡ Totalitarismo!


Existen varios testimonios audiovisuales de la visita de Machado. Haga la prueba y busque en la Internet: no conseguirá el más mínimo indicio de prueba sobre lo denunciado por la diputada, con todo y que la acompañaban varias cámaras que han podido registrarlo.

Normal.


¿A qué le huía Capriles Radonski? ¿Y el pueblo dónde estaba?


¿Vamos entendiendo?

Así se comporta la oligarquía: el pueblo venezolano comienza a tener acceso a alimentos a bajo costo y ella se lamenta, se retuerce, se rasga las vestiduras. El pueblo festeja y hace chistes y ella pone mala cara, como Machado en la Asamblea Nacional. Ella y su inolvidable cara amarrada que desentona y provoca risa. Por eso cuando ella ríe y lisonjea, el pueblo sospecha. Por eso no creemos en sus historias.

Por eso cuando el pueblo camina, Capriles Radonski pega la carrera.

Se parecen tanto, Capriles Radonski y María Corina Machado. Ella alertando desde siempre contra el ¡castrocomunismo! El otro logró evitarlo durante algún tiempo, pero recientemente hemos visto cómo terminó fracasando en el intento.

El punto es que ellos son diferencia de grado, pero no de naturaleza.

La pregunta es muy pertinente, y va principalmente para el electorado antichavista: ¿acaso tendremos que resignarnos a lidiar con este liderazgo devaluado y anacrónico, que nos habla como si viviéramos en la década de los 50, cuando Joseph McCarthy perseguía comunistas en Estados Unidos y Pérez Jiménez hacía lo propio en Venezuela?

Los candidatos del partido rojo“, le gusta repetir a Capriles Radonski, y se supone que la frase tendría que producir el mismo efecto que el “miedo rojo” (red scare) macarthista. “Qué pena con ese señor”, diría Carola Chávez.


¿Para qué tomarse la molestia de organizar unas elecciones primarias si luego van a desconocer los resultados? ¿Siempre estuvo en los planes del partido Primero Justicia desconocer la voluntad del electorado opositor, que se inclinó mayoritariamente por la opción de Carlos Ocariz?

Cada vez que se hacen las preguntas correctas se hacen los desentendidos. María Corina Machado ensaya su sonrisa de gato de Cheshire y Capriles Radonski pega la carrera.

Corre, oligarquía, corre.

Este 16 de diciembre hagamos como hizo el pueblo de la parroquia El Cartanal el 7 de octubre pasado, cuando la abstención fue menor al 20%: votemos abrumadoramente por el candidato de la revolución, que por eso mismo es el candidato de la democracia. Una democracia que tendremos que seguir fortaleciendo y profundizando para que no tengamos que seguir lidiando, cual si se tratara de una fatalidad, con una clase política que jamás creyó en la voluntad popular.
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