El beisbol, el racismo y la corrección política


(A propósito de un par de artículos publicados en Aporrea y de opiniones muy similares emitidas en el programa televisivo La hojilla, que transmite Venezolana de Televisión).

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Incluso la corrección política, esa forma de la autocensura – o de la disciplina, si gustan – que nos compele a acatar la línea partidista, tiene un límite. Un límite que lo define esa forma de la dignidad que nos compele a acatar lo que nos dicta la propia conciencia.

Cuando se acusa de racista a Humberto “Beto” Perdomo, narrador venezolano de beisbol, por el hecho de rebautizar a su compañero de transmisiones, el ex pelotero y ahora comentarista Iván Arteaga, como La perla negra, se incurre, sin duda alguna, en un exceso. Uno que pasaría desapercibido o no trascendería lo anecdótico si no fuera porque es el signo de un fenómeno inquietante, y que lleva tiempo intentando instalarse entre nosotros como cosa normal. Me refiero, por supuesto, a esa tendencia a priorizar la corrección política en desmedro del espíritu crítico. Llámelo como le dé la gana: defensa del proceso o crítica revolucionaria. Yo lo llamo corrección política.

La perla negra

Por más que lo intento, no puedo imaginarme a Roberto Fernández Retamar acusando de racistas a los que llamaban a José Méndez, el excepcional pícher cubano, El diamante negro, al que nombrara en su poema Pío Tai:

Y el Diamante Méndez, que no llegó a las Mayores
porque era negro

José Méndez, El diamante negro

Tampoco puedo imaginarme en esa al portentoso poeta negro de la negritud que fue Nicolás Guillén, que en Deportes resumió así su amor por el beisbol y la poesía:

Niño, jugué beisbol.
Amé a Rubén Darío, es cierto,

con sus violetas rosas

sobre todas las cosas.

Él fue mi rey, mi sol.

Pero allá en lo más alto de mi sueño
un sitio puro y verde guardé siempre

para Méndez, el pitcher – mi otro dueño.

El mismo que escribió la hermosa Elegía por Martín Dihigo, a quien toda Cuba aún llama El inmortal:

El rostro de ceniza (la muerte de los negros)
y los ojos cerrados persiguiendo
una blanca pelota, ya la última.

Martín Dihigo, El inmortal

Yo no soy quién para pedirle que tenga a Fernández Retamar o a Nicolás Guillén como modelos. Si usted cree que tiene razones para criticar a Humberto “Beto” Perdomo por antichavista – y al mismo Iván Arteaga, acérrimo antichavista – pues critíquelo. Pero cuidado con la fulana crítica: si algo hemos aprendido del antichavismo, es que ciertas críticas dejan mal parados a quienes las formulan, y en muy buena posición a quienes se suponía objeto de la crítica. Si no lo cree, vaya y pregúntele al zurdo que soñaba con emular a Isaías “Látigo” Chávez.

Látigo Chávez

Si todavía no lo cree, coteje el ejemplo contrario: vaya y lea cómo el mismísimo Iván Arteaga denigra de Antonio “El potro” Álvarez, nada más que por ser chavista.

Llámelo usted crítica revolucionaria. Yo lo llamo corrección política.

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