En Caracas el FSM superó el temor al debate político (entrevista a Edgardo Lander)


Reinaldo Iturriza López

(Publicado originalmente en la desaparecida revista DesdeDentro, del Ministerio para la Economía Popular. Entrevista realizada en marzo de 2006).

Sociólogo venezolano de amplia y destacada trayectoria académica, Edgardo Lander toma la palabra en esta ocasión como activista político. ¿Cuál fue la mayor conquista del Foro realizado en Caracas? ¿Sobre qué se debatió y qué no fue discutido suficientemente? ¿En qué consiste esta nueva forma de hacer política que postulan los altermundialistas? Sobre esto y más nos habla quien formara parte del comité organizador del VI FSM.

Comencemos con una pregunta amplia para ser respondida a manera de balance general. ¿Cuáles fueron los debates que predominaron en el VI FSM?
Quizá valga la pena comenzar hablando un poco sobre los antecedentes de algunos de los debates del Foro. Desde hace varias décadas viene desarrollándose un debate sobre el tema de lo social y lo político, y la relación entre movimientos y partidos. Varias razones explican el cuestionamiento del que ha sido objeto la política entendida como política de partido, y esto tiene que ver por supuesto con la experiencia de los partidos de izquierda, socialistas, y también obviamente con la crisis de los sistemas de partidos que se produce en buena medida como consecuencia de este desmontaje neoliberal de la democracia.

Con todo este discurso de la sociedad civil, de los movimientos sociales, que ha estado tan presente en las últimas décadas, se han producido formas bastante esquemáticas y maniqueas de pensar lo político y lo social, que incorporan visiones liberales de fraccionamiento de la vida social, como si hubiese un ámbito de lo económico, uno de lo político, otro de lo social. Según este discurso de la antipolítica y del fin de las ideologías, lo político, lo estatal, los partidos vendrían a ser formas autoritarias, no democráticas, etc., mientras que la sociedad civil sería una cosa más democrática, más genuina, menos contaminada. La reincorporación de la sociedad civil como categoría de uso cotidiano en la política es una cosa bastante reciente. Tiene su origen en la lucha contra los regímenes socialistas de Europa del Este, y está emparentada con una cierta tradición de pensamiento antisocialista liberal capitalista, que tiene mucho que ver, por cierto, con la forma como fue adoptado este discurso en América Latina.

Este mismo discurso que separa lo político de lo social, y que pretende que los movimientos hacen algo diferente a política, y que están luchando socialmente, además construye una categoría de análisis llamada movimiento social que es bastante arbitraria, porque incorpora como movimiento social a una heterogeneidad de cosas que difícilmente pueden pensarse bajo una sola categoría. Como movimiento social se incluye a organizaciones indígenas, comunidades, al MST, las movilizaciones que se dieron en Caracas a raíz del golpe de Estado. Algo como el MST es totalmente diferente de las experiencias organizativas de las comunidades en Venezuela, de las organizaciones indígenas o de las comunidades aymaras.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con el Foro? El Foro comenzó con el reconocimiento de que se había llegado a un estado de la confrontación contra el neoliberalismo en diferentes lugares del planeta: mientras la política global del neoliberalismo en los terrenos militar, comercial e ideológico se hacía cada vez más fuerte, luchas como las de Seattle contra la OMC, entre otras, propiciaron el reconocimiento de enemigos comunes, y de las posibilidades de articulación de luchas desde diferentes perspectivas. Surgió así esta idea de la convocatoria de organizaciones sociales en resistencia contra el modelo neoliberal, y fue cuando se realizó el primer Foro en Porto Alegre.

A pesar de que el Partido de los Trabajadores estuvo presente desde el principio, de todas maneras había esa idea de que esto era el lugar de encuentro de los movimientos y no de los partidos. Y en la Carta de Principios se establece claramente que el Foro Social Mundial no es de partidos, no es de Estados ni de gobiernos, es de movimientos. Sin embargo, con el paso de los años muchas de las organizaciones sociales incorporadas al Foro comenzaron a confrontarse con la necesidad de respuestas políticas, propiamente en el terreno de la política en los términos más tradicionales: ¿qué hacer ante un gobierno de izquierda? ¿Qué hacer ante unas elecciones? Y esto tiene que ver con cambios que se van produciendo muy aceleradamente, cambios que hacen que la agresividad de la política imperial sea cada vez mayor, y que exigen respuestas cada vez más urgentes; cambios en el contexto sociopolítico en América Latina como consecuencia de los nuevos gobiernos de centroizquierda o de izquierda, lo que obliga a muchas de estas organizaciones a repensar su relación con el Estado, con lo político, con el gobierno, porque no es lo mismo tener un gobierno como el de Menem que tener uno como el de Kirchner, o tener un gobierno como el de Fernando Henrique Cardoso que tener uno como el de Lula. No es que haya una ruptura radical, pero obviamente hay diferencias.

De acuerdo a lo que es la metodología del Foro, cuando se comenzó a trabajar en la construcción de la agenda, del temario de discusión para la convocatoria del Foro, se utilizaron dos instrumentos: uno de balance de los Foros anteriores, de lo que ha sido exitoso y las carencias percibidas por las organizaciones más involucradas en el proceso del Foro; y una consulta que se hace a las organizaciones sobre cuáles temas deberían ser discutidos. Y hubo una concordancia entre estos dos instrumentos: claramente aparecía que los temas de la política en los términos más ortodoxos (el poder, el imperialismo, qué hacer ante los gobiernos de centroizquierda o de izquierda, la relación entre movimientos y partidos, etc.) eran permanente reivindicados.

Por otra parte, desde hace algún tiempo se viene dando en el Foro una discusión muy importante sobre qué es lo que éste significa como forma de hacer política, como una nueva forma de hacer política que articula las diversidades, y desde éstas tiene capacidad de articular una pluralidad con fines comunes; como lugar de encuentro de gente que viene de culturas políticas y de experiencias tremendamente diversas, y la reivindicación de eso como proceso de construcción colectiva que va avanzando hacia la elaboración de agendas y capacidades de lucha y de resistencia. Hay quienes reivindican fundamentalmente ese aspecto. Pero hay quienes, por el contrario, en los últimos años han venido cuestionando la incapacidad del Foro para construir una agenda política común, plataformas de lucha común, que responda a las urgencias que están planteadas hoy día en el planeta. Son los que opinan que el Foro puede terminar siendo una especie de catarsis colectiva. Nuevamente, pienso que esto es una forma un poco maniquea de plantear la cuestión, porque la pretensión de que hay que optar por una u otra es una forma esquemática que no se corresponde con la complejidad del Foro. En el Foro ha habido una extraordinaria capacidad de avanzar en la construcción de agendas comunes. No es simplemente un lugar de encuentro, de socialización, de catarsis o de intercambio de experiencias, sino que es un lugar donde se articulan la lucha contra el ALCA, las campañas en contra de la militarización en América Latina, las principales campañas contra la guerra en Irak; es el lugar donde la Asamblea Mundial de los Movimientos Sociales construye diferentes plataformas comunes de lucha. Es decir, hay allí una dimensión política muy importante que es preciso reconocer.

¿Entonces, los debates durante esta edición del FSM tuvieron un carácter más político?
Sí. Retornando a la cuestión metodológica, cuando se definieron los seis ejes temáticos del Foro de este año, se definió un primer eje que era el propiamente político, que reunió todos estos temas que ya he mencionado, y se decidió que fuera el primer eje para destacar que se les estaba dando una visibilidad. Los Foros anteriores evadieron estos temas, aunque por supuesto siempre se debatió políticamente, porque no es posible discutir sobre libre comercio o diversidad cultural sin entender que estos son asuntos de poder y por tanto asuntos políticos, pero se discutían como si no fueran tales, había una cierta reticencia a asumir la discusión política en términos más expresos. Entonces, cuando se abrió la inscripción en estos seis ejes, en el que se inscribieron más actividades fue precisamente en el primero. Eso nos confirmó que no era una visión desde las organizaciones que tenían mayor responsabilidad, más angustia política, sino que simplemente ese es el estado del movimiento.

En Caracas el Foro superó el temor a asumir debates expresamente políticos: sobre el socialismo, sobre el poder. Se les asumió como parte de las discusiones que sostienen las organizaciones sociales y populares que están luchando en todo el planeta. Pienso que esto constituye un paso significativo, y diría que es la conquista más importante del Foro de Caracas. Por supuesto, los Foros están condicionados, contaminados, influidos, afectados por el momento y el lugar donde se realizan. Hoy estamos en un mundo mucho más compulsivo, mucho más agresivamente violento que el mundo de hace apenas seis o siete años: la primera edición del Foro fue antes del 11 de septiembre, de la invasión a Irak y de las grandes movilizaciones que produjeron la derrota del ALCA. No era lo mismo pensar en América Latina desde Porto Alegre hace siete años que en el contexto de la Caracas de la llamada revolución bolivariana en el año 2006.

Está claro que no es casual que el VI FSM se realice en Caracas.

La razón por la cual se optó en el Consejo Hemisférico porque el Foro América fuese realizado en Caracas tiene que ver con el interés en Venezuela, con una visión de solidaridad con Venezuela, lo que no significa que el Foro fuera concebido como un acto de solidaridad, ni que todo el mundo en el Foro fuera chavista ni nada por el estilo. Pero obviamente implicaba asumir al proceso venezolano como parte de las luchas de resistencia antineoliberal. El hecho de encontrarse con una sociedad tan convulsionada como la venezolana contribuyó al carácter marcadamente político del Foro.

Parte del debate en el Foro, y es de las cosas que aparecen con ciertas ambigüedades, por ejemplo, en la Carta de Principios, es la lucha contra el neoliberalismo, cuando buena parte de los movimientos en América Latina se plantea la lucha anticapitalista, debate expresamente sobre las alternativas al capitalismo, aunque no necesariamente según los códigos del socialismo. Pensar que la sociedad capitalista es el problema, que es el orden de la producción capitalista y la explotación de los seres humanos y de la naturaleza lo que hay que superar, son temas que asumen hoy día un carácter principal en el debate.

Sin embargo, algunas voces han expresado su malestar por el hecho de que Chávez instara a los movimientos sociales a pensar en términos de estrategias de poder, o que insistiera en el tema del socialismo.

Sí, pero una cosa es que no compartan unas visiones políticas particulares, y otra cosa es pensar que esos temas no deben discutirse. Allí hay una diferencia importante. Particularmente pienso que la forma como formuló Chávez sus planteamientos en el Poliedro no corresponde a un conocimiento de la historia y de la cultura política del Foro. La pluralidad de la cultura política del Foro, y lo que éste significa en el proceso de lucha por un orden mundial diferente tiene que ser reconocido en toda su riqueza y profundidad. Si uno pretende convertir al Foro en un instrumento, en una especie de Internacional, en una suerte de organización política jerárquica donde haya gente capaz de definir las líneas gruesas, que serían como las líneas del partido, eso destruiría al Foro.

La complejidad de esa nueva forma de hacer política no se caracteriza por la verticalidad, por la necesidad de acuerdo unánime, sino por la pluralidad de búsquedas, la capacidad de construir y debatir conjuntamente con otros que tienen opciones diferentes, que vienen de historias diferentes, lo que no nos impide reconocernos en las búsquedas comunes, y en esas búsquedas es posible construir plataformas, y éstas pueden agrupar a unos en una campaña y a otros en otra. Esas nuevas formas de articulación tienen que ver con la construcción democrática de una sociedad democrática. No hay nadie que tenga la capacidad de establecer en qué dirección se va, porque no se puede predeterminar en esta pluralidad de búsquedas cuál es la que significa un camino sin salida y cuáles son las que potencialmente abren las puertas a la posibilidad de transformaciones sociales, eso forma parte de la experimentación. Una de las cosas más negativas de la estructura partidista leninista fue precisamente la imposibilidad de la experimentación, la imposibilidad de la diversidad de búsquedas, la imposición de una sola línea, y si esa línea fracasaba terminó el cuento, perdimos. Esta forma de hacer política precisa de aprendizaje colectivo. No se trata de postular cómo debería ser el futuro, sino de ir construyéndolo colectivamente, y esto representa una práctica de una riqueza extraordinaria.

¿Consideras que algún tema ha debido debatirse más profundamente?
Sí, pienso que hubo temas que no se tocaron con suficiente fuerza. Por ejemplo, la dinámica civilizatoria de destrucción de las condiciones que hacen posible la vida en la Tierra, esa dinámica de destrucción, de guerra contra la naturaleza, este modelo civilizatorio de progreso que identifica la felicidad humana con la abundancia material, no representa una amenaza a mediano o a largo plazo, sino que está afectando hoy las condiciones de vida de millones y millones de personas. La vida está dejando de ser posible. La intensidad de los huracanes, la forma como afectan no solo a New Orleans, sino a pueblos mucho más pobres que tienen menor capacidad de respuesta, la sequía de la Amazonía, el recalentamiento que está produciendo la progresiva reducción de los glaciares, son todas cosas que están pasando hoy, y que se están multiplicando a pasos agigantados.

Todavía en este Foro este tema fue abordado como una preocupación separada, por quienes se ocupan de eso, las organizaciones ambientales, y eso ya no puede seguir siendo así. Este debate no ocupa el espacio que debería en las luchas sociales, y mucho menos en la academia. En América Latina hubo en décadas anteriores un debate muy interesante sobre alternativas tecnológicas, patrones tecnológicos, pero eso desapareció. Nuevamente se habla de la tecnología, en singular: tecnología avanzada, tecnología atrasada. Y buena parte de los problemas que tenemos en el planeta se relacionan con este patrón tecnológico que es la expresión corpórea de ese modelo civilizatorio.

¿Ya ha sido definido dónde se realizará la próxima edición del Foro?
Sí, en Nairobi, Kenia. Ya no policéntrico. En realidad lo de policéntrico no fue una decisión a largo plazo, fue una decisión para el año 2006. Hay un debate sobre si tiene sentido seguir haciendo Foros anuales, se habla de la conveniencia de hacer Foros cada dos años, o de multiplicar los foros temáticos regionales, los cuales podrían abarcar más gente, más territorio, más organizaciones. Pero no se ha llegado a ninguna conclusión sobre eso.

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